viernes, 5 de junio de 2009

LOS MISTERIOS DE MITRA

Mitra era un dios conocido en la antiguedad, principalmente en Persia e India. Mitra era el dios de la luz solar, de origen persa que fue adoptado en el imperio romano. Se conservan diversas esculturas, en su mayor parte del siglo III.

Mitra también es un dios védico de la India. Según el Bhágavata Puraná es el semidiós que controla el movimiento intestinal. En idioma sánscrito el término mitra significa ‘amigo’.

Mitra es uno de los Aditiás, los hijos de la diosa Áditi. Según algunas fuentes sus hermanos pueden ser siete u ocho, aunque otras referencias llegan a decir que hasta treinta y uno. Aditya indica su clasificación de dioses solares y/o del cielo. Según el Rig Vedá, Áditi es una deidad femenina, madre de todos los dioses, esposa de Kashiapa e hija de Daksha, un dios menor progenitor del universo. Se dice que ella lo contiene todo, y se le podría considerar como «naturaleza» o «diosa primigenia creadora».

En los Vedás, Mitra es un dios secundario del sol, siendo mucho más conocido Suria, que sí queda bien definido como el Dios Sol en todas las escrituras en las que se le menciona.

El Mitra védico nunca va solo, sino en compañía de su hermano gemelo Váruna, según el Rig Vedá, y los dos están incluidos entre los dioses hermanos Aditiás. Mitra está relacionado con los juramentos, las promesas, los contratos, la honestidad, la amistad y los encuentros, así como considerado como el suave sol del alba. No suele tener tanto protagonismo como su "conflictivo" hermano, y por ello suele pasar más desapercibido. A veces se le confunde con Indra, aunque éste es dios del fuego, y bastante más belicoso.

En contraposición, a su hermano Váruna se le asigna la creación de rayos, tormentas, lluvias, de las aguas, los oceános, los ríos y los bajos mundos o de las profundidades. Incluso se le llega a asignar el papel de Dios de los muertos, y dentro del agua, siempre va acompañado de nagas. También en el Rigveda se menciona su papel de dios lunar o Chandra, posteriormente asignado a Shivá.

El tándem Mitra-Váruna también viene mencionado en los antiguos Puranás, y no se describe muy bien su procedencia. Todo ello apunta a que pertenecieron al rango de dioses anteriores del período pre-sánscrito, antes de la aparición del hinduismo primitivo. En este hinduismo primitivo y medio, el dios que ocupaba el rango de dios-sol era Suria, en oposición al dios lunar Chandra.

Hay que comentar que en los Vedas, no hay mucha claridad en la identificación de muchos dioses. La razón es porque con el paso del tiempo fueron cambiando los cultos, donde se mencionan a dioses que ya casi nadie recuerda a excepción de unos pocos estudiantes de las escrituras y algunos brahmanes, todos muy versados. O bien se da el caso de que se cree en otros dioses que no están apenas mencionados en las escrituras sagradas hindúes.

Lo cierto es que Mitra, como su madre Áditi y el resto de los Aditiás, pueden ser reminiscencias de tiempos muy anteriores al establecimiento del vedismo (religión anterior al hinduismo). O incluso que el propio Suria, del que hay información suficiente como el Dios Sol, puede también haber sido una especie de «adquisición nueva» para asimilar cultos de otras zonas de la India. Actualmente en el culto hindú, los Aditiás ocupan un segundo plano bastante lejano a la práctica real diaria de todo hindú común. Aún así, hay sijs y otros credos y religiones de la India y alrededores, que todavía creen en Suria de alguna manera, dejando huellas de que en su momento de auge fue comparable al culto del Dios-Sol Amón-Ra en Egipto.

Todo ello viene a decir que el dios Mitra védico, como Dios-Sol no tiene en el hinduismo la relevancia que tuvo Suria. Y aunque el dios-sol Suria tuvo un papel protagonista, fue posteriormente relegado a un segundo plano por otras deidades.

Aun así, todavía hay algunos lugares donde Mitra es invocado, principalmente en juicios y en contratos, para asegurar su cumplimiento, así como la honestidad de los implicados.

Se denomina mitraísmo o misterios de Mitra a una religión mistérica muy difundida en el Imperio Romano entre los siglos I y IV d. C. en que se rendía culto a una divinidad llamada Mitra o Mitras y que tuvo especial implantación entre los soldados romanos. Existen testimonios materiales de la práctica de esta religión en numerosos lugares del antiguo Imperio Romano: en Roma y en Ostia, así como en Mauritania, Britania y las provincias fronterizas a lo largo del río Rin y del Danubio, consistentes en restos de templos, inscripciones y obras de arte que representan al dios u otros aspectos de la religión. Frente a esta relativa abundancia de restos arqueológicos, son muy escasas las referencias en textos clásicos a esta religión.

La religión fálica, en Persia, se sustituyó por los Misterios de Mitra que, en el fondo, no pasa de ser una adaptación de la primera. Tenemos que tener siempre en mente que los pueblos primitivos, cuando tenían la religión de cuño sexual, degenerada, la sustituían por una adoración al Sol. Fue eso que llevó a Persia a bautizar el culto al sexo con el nombre de "Religión de Mitra" (Mitra quiere decir el Sol) o Religión Solar. Así, el fuego creador del sexo en el hombre dio origen al culto del fuego solar, y después al fuego material que se usa en la cocina. Significa que el Sol espiritual, invisible, se sustituyó por el sol material y físico de todas las mañanas, como hacían nuestros indios brasileños. La doctrina original en Persia sólo se reservó a los Iniciados, contentándose la muchedumbre con la letra muerta de los textos sacros. Para los Magos, Mitra era la divinidad Luz, el Inefable, el Dios del Fuego y de la Luz que se manifiesta en y por el sexo en el hombre. Para el pueblo, sin embargo, y para nuestros historiadores modernos e intelectuales, Mitra era el sol visible que transmitía su luz a través del aire. Mitra de los persas, Jesús de los cristianos, Hiram de los masones, Adonis de los frígios, todos son la personificación de la LLama Divina. Como ya se ha mencionado en repetidas ocasiones en este arcano, cada religión tiene una leyenda que sirve de ropa para esconder la Verdad desnuda que escandaliza a los ignorantes y fanáticos.
La religión de Mitra es la misma religión fálica de la antigüedad, pero está oculta por una
leyenda, al igual que la masonería se esconde detrás de la leyenda de Hiram. Veámoslo que dice la leyenda de Mitra: "Mitra nació de la "piedra generadora", al margen del río, bajo la sombra de un árbol sagrado. Algunas personas, pastores, fueron testigos del evento. Ellos lo vieron salir de la piedra con la cabeza adornada con un gorro frígio, armado de un cuchillo (espada) y llevando una antorcha para iluminar las tinieblas de las profundidades inferiores. Los pastores adoraron al divino infante ofreciéndole las primicias de sus rebaños. Sin embargo, como el joven estaba desnudo, se dirigió a una higuera donde se ocultó, comió de sus frutos y se cosió un vestido con sus hojas. Así salió al mundo para medir las fuerzas con sus poderes. Su mayor enemigo fue un toro creado por Ormuzd. Después de una lucha titánica, consiguió dominar el animal, montándolo. El animal, por más que se esforzase, no logró derribar a su jinete. Después, arrastró a Mitra hasta la gruta donde moraba". Para el pueblo, esa leyenda era artículo de fe y todos la tomaron como una verdad, mientras que los Magos y Sacerdotes vieron en ella el viaje doloroso del hombre en la Tierra. El toro es el sexo del hombre que, con sus pasiones no se deja dominar fácilmente. Cuando el Ser alcanza la madurez, es tomado por un poderoso tentador - el propio deseo sensual. Si un hombre quiere llegar para ser un Mitra (un Dios), no debe dejar nunca de luchar, sino más bien, de sostenerse hasta dominar su pasión y dirigir su fuerza por los cauces apropiados. El camino está lleno de obstáculos, que deben superarse. En definitiva, cambiando algunos elementos, actualizándolos de acuerdo con cada época, tenemos ahí la representación viva de la Iniciación. La Leyenda de Mitra prosigue así: "cierta vez huyo el toro de su prisión y fue para los campos. El Sol envió a Mitra su mensajero, el cuervo, con la orden de matar al animal. El joven, contra su voluntad, salió en su persecución acompañado de su fiel perro. Al encontrarlo lo agarró por las narices con una de las manos y con la otra golpeó las argallas del animal con su cuchillo de cazador. Del cuerpo del toro brotó el reino vegetal, de la columna nació el trigo que da el pan y de su sangre brotó el vino que produce la bebida sagrada de los Misterios. En la última cena, con los Iniciados, Mitra se identifica con el Sol - Padre y así termina sus luchas. Luego, el Padre - Sol asciende al cielo en su radiante carroza de donde jamás dejo de proteger a sus fieles servidores". Percibió el estudiante alguna semejanza entre los textos mitraicos y el nacimiento de Jesús en una gruta en Belén, donde, en los alrededores, habían pastores vigilando sus rebaños?
Significado de los Misterios de Mitra El toro es considerado como el símbolo de la virilidad por su fuerza creadora. El sexo representa el principio de la vida. Ese principio debe ser sacrificado para engendrar la vida (eterna). El toro es la alegría de la simiente vital que debe ser sacrificada para que produzca los atributos íntimos, porque está escrito que "si el grano de trigo no muere, no resucita; sin embargo, si muere, da muchos frutos".
"El Espíritu del Mal lanzó sus demonios contra el animal. El escorpión, la hormiga, la serpiente, todos quisieron consumir las partes genitales y beber la sangre prolífica del animal, sin embargo, fracasaron. La simiente del toro (su semen) fue recogida y purificada por la Luna (el yoni femenino) y así produjo las diferentes especies de animales útiles. Y su alma fue protegida por el perro de Mitra, ascendió las esferas celestiales donde, recibiendo las honras de la divinidad, fue llamado Silvano, haciéndose guardián de la grey". Que profundos secretos y alegorías esconden ese pasaje de la leyenda! Ah! Mortales ignorantes! Cuantas veces fuisteis agraciados por la Providencia Divina! Entre
tanto, preferisteis burlarte de esas cosas, cerrando ante vuestras narices la estrecha puerta del camino redentor. El significado, iniciático dice que Mitra, el Hombre - Dios, al bajar a la Tierra, trayendo consigo la Luz Inefable, presa en sus órganos sexuales, tuvo que sacrificar su simiente, representada por el toro para crecer y evolucionar. Esa simiente debe ser recibida por la Luna (mujer); Isis o Materia y por ella ser purificada: en el principio Mitra no quería sacrificar el toro; o el sexo, porque sabía que al hacerlo se volvería mortal, y porque su simiente no podría mas ser dirigida al altar, sino con mucha dificultad. Mas tuvo que obedecer al Sol Interno o Dios Intimo, sacrificando el toro o su simiente, y al hacerlo vio entonces que las criaturas generadas por su seno (ijada) podían volverse como Dioses.Mitra, al descender a la materia, al sembrar su simiente (sacrificándola, sacrificando sus pasiones sensuales en el altar de la castidad científica), vio que de ella brotaban almas que se convertían en seres divinos y que eran considerados y recibidos como Dioses. Mitra, o Dios - Luz, el Sol Espiritual, el Hombre - Dios dotado de la llama sagrada, tenía que engendrar y vigilar cuidadosamente la raza Adánica. Inútilmente Arimán, el Dios de las Tinieblas, (o Demonio) asoló la Tierra con el fuego, queriendo matar sus habitantes por la sed. Cuando los hombres, casi rendidos, imploraban la ayuda de su adversario, el Arquero Divino, lanzó sus flechas contra la roca, de donde salió una fuente de agua viva, saciando la sed de todos.Después, siguió el Diluvio Universal, y Mitra, advertido por los Dioses, construyó una arca ysalvó justamente a su rebaño, fluctuando en la superficie de las aguas. Todo eso quiere decir: "la chispa divina dentro del hombre lo preservó en el útero de la naturaleza contra el diluvio

de las pasiones de los errores y de las tinieblas".

Los orígenes de esta religión no se conocen de forma precisa, aunque los estudiosos coinciden en afirmar que llegó al mundo romano desde Oriente, concretamente desde Asia Menor. La práctica del mitraísmo, como la de todas las religiones paganas, fue declarada ilegal en el año 391 por el emperador Teodosio.

Orígenes del mitraísmo

Según Franz Cumont, en su estudio publicado a comienzos del siglo XX, el origen del mitraísmo se encuentra en el antiguo Irán. De hecho, Mitra es una divinidad indoirania cuyo origen puede remontarse hasta el II milenio a. C.: su nombre es mencionado por primera vez en un tratado entre los hititas y los mitani, escrito hacia el 1400 a. C.

En la India, figura en los himnos védicos como dios de la luz, asociado a Váruna. En los Avesta iranios es un dios benéfico, colaborador de Ahura Mazda, y recibe el sobrenombre de «juez de las almas». Es posible que su culto llegase a Occidente desde Irán gracias a la difusión del zoroastrismo, del que sería una especie de herejía. Sin embargo, los estudios actuales del mitraísmo tienden a considerar que no puede admitirse una filiación directa entre el Mitra indoiranio y el del mitraísmo, al que a veces denominan Mitras o Mithras, usando la forma griega de su nombre para diferenciarle del primero.

Principios del mitraísmo

La información existente sobre el mitraísmo (bastante fragmentaria) se refiere a su práctica durante el Bajo Imperio Romano. Era una religión mistérica, de tipo iniciático, basada en la transmisión oral y ritual de iniciado a iniciado, y no en un cuerpo de escrituras sagradas. Recoge las concepciones dualistas de origen mazdeísta (zervanismo). Como en todas las religiones mistéricas, los adeptos estaban obligados a mantener en secreto los rituales del culto. Por todo ello, la documentación escrita concerniente al mitraísmo es prácticamente inexistente.



Mitología e iconografía

No hay textos sobre el mitraísmo escritos por los propios adeptos, por lo que las únicas fuentes para conocer esta religión son las imágenes sagradas encontradas en los mitreos.

1. Relato mítico

Según el relato que ha podido reconstruirse a partir de las imágenes de los mitreos y los escasos testimonios escritos, el dios Mitra nació cerca de un manantial sagrado, bajo un árbol sagrado, de una roca (la petra generatrix; Mitra es llamado de petra natus). Esto enlaza con las tradiciones armenias de la cueva de Meher (Mitra). En el momento de su nacimiento llevaba el gorro frigio, una antorcha y un cuchillo. Fue adorado por pastores poco después de su nacimiento. Bebió agua del manantial sagrado. Con su cuchillo, cortó el fruto del árbol sagrado, y con las hojas de ese árbol confeccionó su ropa.

Encontró al toro primordial cuando pastaba en las montañas. Lo agarró por los cuernos y lo montó, pero, en su galope salvaje, la bestia lo hizo desmontar. Sin embargo, Mitra siguió aferrado a sus cuernos, y el toro lo arrastró durante mucho tiempo, hasta que el animal quedó exhausto. El dios lo agarró entonces por sus patas traseras, y lo cargó sobre sus hombros. Lo llevó, vivo, soportando muchos padecimientos, hasta su cueva. Este viaje de Mitra con el toro sobre sus hombros se denomina transitus.

Cuando Mitra llegó a la cueva, un cuervo enviado por el Sol le avisó de que debía realizar el sacrificio, y el dios, sujetando al toro, le clavó el cuchillo en el flanco. De la columna vertebral del toro salió trigo, y vino de su sangre. Su semen, recogido y purificado por la luna, produjo animales útiles para el hombre. Llegaron entonces el perro, que se alimentó del grano, el escorpión, que aferró los testículos del toro con sus pinzas, y la serpiente.

2. Iconografía

Algunas pinturas muestran a Mitra transportando una roca a su espalda, como Atlas en la mitología griega, o portando una capa cuyo forro interior representa el cielo estrellado. Cerca de un mitreo próximo a la Muralla de Adriano se halló una estatua de bronce de Mitra emergiendo de un anillo zodiacal en forma de huevo, hoy conservada en la Universidad de Newcastle. Una inscripción encontrada en Roma sugiere que Mitra podría identificarse con el dios creador del orfismo, Fanes, quien surgió del huevo cósmico al principio del tiempo, dando existencia al universo. Refuerza esta opinión un bajorrelieve del Museo Estense, en Módena, donde se ve a Fanes surgiendo de un huevo, rodeado de los doce signos del Zodiaco, en una imagen muy similar a la conservada en Newcastle.

La imagen central del mitraísmo es la tauroctonía, o Mitra Tauróctonos, que representa el sacrificio ritual por Mitra del toro sagrado. Esta representación tiene elementos iconográficos fijos: Mitra aparece tocado con un gorro frigio y mira a su víctima con compasión; en muchas representaciones, la cabeza de Mitra al tiempo del sacrificio del toro se gira hacia atrás como si cumpliese la inmolación a disgusto. Inclinado sobre el toro, lo degüella con un cuchillo sacrificial; de la herida del toro mana grano; junto al toro, figuran varios animales: un escorpión, que aprieta con sus pinzas los testículos del toro; una serpiente; un perro, que se alimenta del grano que brota de la herida; y un cuervo. A veces aparecen también un león y una copa. La imagen está flanqueada por dos personajes portadores de antorchas, llamados Cautes y Cautópates en los que se ha apreciado por algunos autores la doble epifanía de Mitra. La escena aparece situada en una especie de cueva, tal vez la representación del propio mitreo, o, según algunas interpretaciones, del cosmos, al estar presentes el sol y la luna.

3. Interpretaciones

Franz Cumont, autor de un estudio clásico sobre la religión de Mitra, interpreta esta imagen a la luz de la mitología irania. Vincula la imagen con textos que se refieren al sacrificio de un toro por Ahriman, el dios del mal; de los sangrientos restos del toro nacerían después todos los seres. Según la hipótesis de Cumont, Ahrimán sería después sustituido por Mitra en el relato mítico, y en esta forma habría llegado al Mediterráneo oriental.
Estatua de Mitra en los Museos Vaticanos

David Ulansey lanzó una explicación radicalmente diferente de la imagen de Mitra Tauróctonos, basada en el simbolismo astrológico. Según su teoría, la imagen del Tauróctonos es la representación de Mitra como un dios tan poderoso que es capaz de transformar el orden mismo del Universo. El toro sería el símbolo de la constelación de Tauro. En los comienzos de la astrología, en Mesopotamia, entre el 4000 y el 2000 a. C., el Sol estaba en Tauro durante el equinoccio de primavera. Debido a la precesión de los equinoccios el Sol está en el equinoccio de primavera en una constelación diferente cada 2.160 años, aproximadamente, por lo que pasó a estar en Aries hacia el año 2000 a. C., marcando el final de la era astrológica de Tauro.

El sacrificio del toro por Mitra simbolizaría este cambio, causado, según los creyentes, por la omnipotencia de su dios. Esto estaría en consonancia con los animales que figuran en las imágenes de Mitra Tauróctonos: el perro, la serpiente, el cuervo, el escorpión, el león, la copa y el toro se interpretan como las constelaciones de Canis Minor, Hydra, Corvus, Escorpio, Leo, Acuario y Tauro, todas ellas en el ecuador celeste durante la era de Tauro. La hipótesis explicaría también la profusión de imágenes zodiacales en la iconografía mitraica. La precesión de los equinoccios fue descubierta y estudiada por el astrónomo Hiparco de Nicea en el siglo II a. C.

Otra interpretación considera que el sacrificio del toro representa la liberación de la energía de la Naturaleza. La serpiente, como en el símbolo del Ouroboros, sería una alusión al ciclo de la vida; el perro representaría a la Humanidad, alimentándose simbólicamente del sacrificio, y el escorpión podría ser el símbolo de la victoria de la muerte. Los dos compañeros de Mitra, que portan teas y se llaman Cautes y Cautópates representarían respectivamente la salida y la puesta del sol.

Para los fieles, el sacrificio del toro tenía sin duda un carácter salvífico, y la participación en los misterios garantizaba la inmortalidad.

El mitraísmo en el Alto Imperio Romano

Es probable que los introductores del mitraísmo en el Imperio Romano fueran los legionarios que habían servido a Roma en las fronteras orientales del Imperio. Las primeras evidencias materiales del culto de Mitra datan del año 71 o 72 de nuestra era: se trata de unas inscripciones hechas por soldados romanos que procedían de la guarnición de Carnuntum, en la provincia de Panonia Superior, y que probablemente habían estado antes en Oriente, en guerra contra los partos y en los disturbios de Jerusalén.

Hacia el año 80 de nuestra era, el autor romano Estacio menciona la escena de la tauroctonía en su Tebaida (I, 719,720). Plutarco, en su Vida de Pompeyo, deja claro que el culto de Mitra era ya conocido en su época.

A finales del siglo II el mitraísmo estaba ampliamente difundido en el ejército romano, así como entre burócratas, mercaderes y hasta entre los esclavos. La mayor parte de las evidencias arqueológicas proceden de las fronteras germanas del Imperio. Pequeños objetos de culto relacionados con Mitra se han encontrado en excavaciones arqueológicas desde Rumania hasta la Muralla de Adriano.

El Mitraísmo en el Bajo Imperio

Los emperadores del siglo III fueron en general protectores del mitraísmo, porque su estructura fuertemente jerarquizada les servía para reforzar su propio poder. Así, Mitra se convirtió en el símbolo de la autoridad y el triunfo de los emperadores. Desde la época de Cómodo, que se inició en sus misterios, los adeptos del culto procedían de todas las clases sociales.

Numerosos mitreos han sido hallados en las guarniciones de frontera del imperio. En Inglaterra, han sido identificados al menos tres, a lo largo del Muro de Adriano, en Housesteads, Carrawburgh y Rudchester. Restos de otro mitreo han sido descubiertos en Londres. Otros santuarios de Mitra erigidos en esta época se encuentran en la provincia de Dacia (donde se halló en 2003 un mitreo en Alba-Tulia), y en Numidia, en el norte de África.

La mayor concentración de mitreos, sin embargo, se encuentra en la propia Roma, y en la cercana ciudad portuaria de Ostia, con un total de doce templos identificados, aunque posiblemente existieron varios centenares. La importancia del mitraísmo en Roma puede juzgarse a partir de los hallazgos: más de 75 piezas escultóricas, un centenar de inscripciones, y ruinas de templos y santuarios por toda la ciudad y sus suburbios. Uno de los mitreos más destacados, que conserva el altar y los bancos de piedra, se construyó originalmente bajo una casa romana (lo que parece haber sido una práctica habitual) y sobrevive en la cripta sobre la que se construyó la Basílica de San Clemente, en Roma.

Difusión y espacio religioso del mitraismo
En el periodo de máximo esplendor, se considera que el mayor número de templos mitraicos en Roma no era superior a cien, y que cada uno de ellos no tenía más que un centenar de fieles, por lo que el volumen de practicantes se reduciría a unos diez mil en la metrópoli, según Windengren. La importancia otorgada al mitraismo en el Imperio romano viene dada por su abierta competencia con el cristinanismo y su condición de religión militar fuertemente implantada en las legiones, más que por el número de adeptos.

Final del mitraísmo

A finales del siglo III se produjo un sincretismo entre la religión mitraica y ciertos cultos solares de procedencia oriental, que cristalizaron en la nueva religión del Sol Invictus. Dicha religión fue establecida como oficial en el Imperio en el año 274, por el emperador Aureliano, quien erigió en Roma un espléndido templo dedicado a la nueva divinidad, y creó un cuerpo estatal de sacerdotes para rendirle culto, cuyo máximo dirigente llevaba el título de pontifex solis invicti. Aureliano atribuyó a Sol Invictus o Sol Yemus" (en alusión al dios semita Yemo, cuyo culto se mezcló con el de Mitra en el siglo VII a. C. como consecuencia de unas guerras entre los nómades semitas del Urartú y los persas indoiranios) sus victorias en Oriente. Este sincretismo, sin embargo, no conllevó la desaparición del mitraísmo, que siguió existiendo como culto no oficial. Muchos de los senadores de la época profesaron al tiempo el mitraísmo y la religión del Sol Invictus.

Sin embargo, este período marcó el comienzo de la decadencia del mitraísmo, a causa de las pérdidas territoriales que el Imperio sufrió como consecuencia de las invasiones de pueblos bárbaros, y que afectaron a territorios fronterizos donde el culto estaba muy arraigado. La competencia del cristianismo, apoyado por Constantino, robó adeptos al mitraísmo. Hay que tener en cuenta que el mitraísmo excluía a las mujeres, que sí tenían derecho a participar en el culto cristiano. El cristianismo desplazó al mitraísmo durante el siglo IV, hasta convertirse en la única religión oficial del Imperio con Teodosio (379-395). Hubo algunos intentos de revitalizar el culto de Mitra por parte de Juliano "el Apóstata" (361-363) y del usurpador Eugenio (392-394), pero no tuvieron demasiado éxito. El mitraísmo quedó formalmente prohibido desde el año 391, aunque probablemente su práctica clandestina se mantuvo durante algunas décadas.

El mitraísmo sobrevivió aún hasta entrado el siglo V en algunas regiones de los Alpes, y volvió a la vida, tenaz pero efímeramente, en las regiones orientales del Imperio, donde se había originado. Sus conceptos dualistas tuvieron un importante papel en el desarrollo del maniqueísmo, religión que resultaría otra dura competidora para los cristianos.
Véase también: Edicto de Tesalónica

Similitudes con religiones modernas
Los estudios arqueológicos e históricos recientes han estado mostrando que durante los tiempos precristianos existían en Egipto, regiones del centro de Asia y el Mediterráneo varias corrientes religiosas con un núcleo de miembros formando sociedades secretas practicando ritos en los cuales se usaban simbologías basadas en las posiciones de las constelaciones, los planetas, el sol y la luna. Unos enfocados en el sol, otros en algún arreglo de las constelaciones, otros enfocados en planetas, etc. Es también posible que tales sociedades secretas antiguas hayan tenido una raíz común en aquellos que estudiaban y registraban el movimiento de las estrellas. Ellas proporcionaron muchas de las alegorías que todavía se utilizan en las religiones abiertas y cerradas modernas, e incluso en instituciones no religiosas como la masonería.

Mitra ¿Antecedente Del Cristianismo O Culto Plagiado?

Alrededor de 3.500 años antes de Cristo aparecen en los Vedas, libro sagrado de la India, las primeras referencias al dios Mitra. Se le nombra como dios unido a Varuna. Ambos formaban una dualidad inseparable; Mitra era el dios del amanecer, de la luz y del sol; Varuna es el dios del crepúsculo y de la noche. Ambos, luz y oscuridad se encargaban del buen funcionamiento de la bóveda celestial.

Por influencia de los arios hindúes que se trasladaron hacia el actual Irán y Turquía, ya en el año 1.400 antes de Cristo, se le nombra como dios garante de un tratado entre los Hititas y el Reino de Mitanni, situado en el actual Kurdistán, a caballo entre Turquía e Irak.

Alrededor del año 1.000 antes de Cristo, nace en Bakctriana, ciudad de Persia— actual Irán— un hombre llamado Zaratustra. Este hombre es considerado por muchos historiadores como el primer ser humano que cambió verdaderamente la Historia y la concepción del mundo y de la persona.

Zaratustra recibió una “Revelación”, proclamando al verdadero dios, creador del Universo, al que llamó Ahura Mazda que significa “Señor Sabio”. En oposición a él, estaba Angra Mainyu que significa “Demonio de la Mentira”. Ni qué decir tiene que ambos personificaban el Bien y el Mal. Ambos luchaban por imponerse sobre la Creación y sobre los hombres.

El Mandeísmo, nombre dado a esta revelación, fue la primera gran religión que tuvo un libro sagrado, el Avesta, que significa “La Palabra”, y su antigüedad es mayor que la Biblia, la cual tomó de este libro algunos de sus pasajes más conocidos.

Historiadores y filósofos confirman que el Mazdeísmo fue el precursor de las grandes religiones monoteístas basadas en libros sagrados, como el Judaísmo, el Cristianismo y el Islamismo, las cuales beben en sus fuentes originales, los dogmas y enseñanzas de Zaratustra.

Desgraciadamente, sólo se conserva un tercio del libro original escrito por Zaratustra al dictado de Ahura Mazda, según le iba siendo revelado. Lo más extraordinario, es que Zaratustra tuvo doce discípulos, la tradición persa le otorga la autoría de cientos de milagros y curaciones, incluso la resurrección de varios cadáveres.

En la religión mazdeísta ya se habla de un diluvio universal, de un arca en la que se salvaron una pareja de animales de cada especie y una familia. Se entroniza una Santísima Trinidad compuesta por los dioses Ahura Mazda, Mitra y la diosa Anahita, esposa de Ahura Mazda y madre de Mitra.

El Mazdeísmo habla de la primera pareja humana, de Paraíso, del Cielo y del Infierno, del juicio tras la muerte, de la resurrección de los muertos y del juicio final, tras la victoria sobre Angra Mainyu, ayudado por sus demonios, mientras Ahura Mazda y Mitra serán ayudados por los ángeles y arcángeles.

También anuncia el Avesta, la aparición en La Tierra de un Salvador, un Redentor de la Humanidad, que vendrá a enseñar a los hombres su misión en la vida y a vencer al mal.

Este redentor es Mitra, hijo de Ahura Mazda. Según el Avesta, Mitra nació en una gruta el día 25 de diciembre. Una luz resplandeciente situada sobre la gruta despertó a unos pastores que fueron a adorarle. Unos magos, enterados por las estrellas de su nacimiento, fueron a obsequiarle ofrendas. En la gruta, un buey y una mula ayudaban a calentar al niño dios. Los mazdeístas creían que Zaratustra era una encarnación del dios Mitra, que había venido a la Tierra para salvar a la Humanidad.

Mitra, tras su nacimiento, ayunó en el desierto durante cuarenta días y sufrió una “pasión” que se celebraba en la semana del 23 de marzo, con la llegada de la Primavera. Curiosamente es la fecha aproximada en que se celebra la Pasión de Jesucristo.

Durante dicha pasión, Mitra se veía obligado a matar a un toro, de cuya sangre brotaba toda la Creación.

Plutarco, habla de los misterios de Mitra en el año 87 antes de Cristo, ya que esta religión, la Mitraica, se extendió por todo el Imperio Romano llevada por las legiones que la adoptaron en masa cuando llegaron a Asia Menor. Incluso el emperador Trajano la protegió y declaró el domingo día del sol dedicado a Mitra como día festivo en todo el imperio, más tarde lo adoptó también el cristianismo como día del Señor.

La religión Mitraica tenía en su liturgia el bautismo con agua para ingresar en la misma y la confirmación posterior. En la entrada de los mitreos o templos, estaba situada una pila con agua bendecida por los sacerdotes en la cual se mojaba la mano y luego la frente para entrar purificados. Se realizaba una ceremonia o ágape, en el cual se bendecían el pan y el vino o agua, y se repartía entre los asistentes como si fuera la carne y sangre de Mitra de forma simbólica. Se cantaban himnos en honor a Mitra.

El clero estaba estructurado entre Padres, o sacerdotes comunes, Amtistides u obispos y Pontífices. Sobre todos ellos gobernaba el Padre de los Padres, título equivalente al de Papa.

Las fechas más señaladas en el calendario sagrado de Mitra eran: el 25 de diciembre, día del nacimiento del dios; el 6 de enero, día de la adoración de los magos; el 24 de marzo, semana de pasión de Mitra; el 6 de mayo, revelación del Avesta a Zaratustra; el 16 de mayo, comienzo del ayuno de Mitra en el desierto; el 24 de junio, Mitra asciende a los cielos y es proclamado segunda persona de la trinidad; el 16 de agosto, Mitra es nombrado por Ahura Mazda intermediario entre él y los hombres y se le otorga todo el poder sobre la Tierra y sus moradores.

La religión de Mitra era una religión mistérica, es decir, que guardaba algunas ceremonias en secreto sólo para unos pocos iniciados. Los creyentes en Mitra no eran admitidos de inmediato a todos los secretos de la liturgia ni se le explicaban todas las doctrinas y dogmas. Existían una serie de grados, a través de los cuales iban ascendiendo los fieles según su preparación y la piedad de su vida demostrada ante los sacerdotes y compañeros de culto.

La religión de Mitra se extendió por todo el Imperio Romano. El Cristianismo y el Mitraismo convivieron hasta la llegada al poder de Constantino el Grande, el cual, creyente de Mitra, no dudó en aprovechar la ocasión para fusionar ambas doctrinas. El Cristianismo adoptó la estructura del clero mitraico; ya que la Iglesia Primitiva Cristiana no tenía sacerdotes, todos los creyentes eran iguales ante Dios y todos podían tomar la palabra y dirigir las asambleas en donde se recordaban las palabras de Jesús y sólo existían unos encargados de moderar y poner orden entre los asistentes. Luego se nombraron personas entre los más ancianos y respetados, para que administraran los bienes de la congregación y repartieran entre los más pobres las dádivas de los más favorecidos, pero en las primeras iglesias cristianas no existía el clero como tal.

Constantino convocó el Concilio de Nicea en el siglo IV, y lo presidió aunque no era cristiano. Los obispos o encargados de las iglesias de aquella época, se dejaron embaucar con los regalos y donaciones imperiales, así como con las promesas de nombramientos oficiales, que les equiparaban a los magistrados del imperio.

De aquél concilio presidido por un no cristiano, el emperador Constantino, nació el Cristianismo tal y como lo conocemos hoy, con Jesús convertido en Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad y Redentor de los hombres, la estructura clerical y la mayoría de los dogmas y creencias cristianas.

A partir de ese momento, el Mitraismo fue perseguido a muerte, sus libros quemados, sus templos derribados, y en pocos años, proscrito por edicto imperial de Teodosio. No es extraño que hoy sea difícil encontrar un libro sobre esta religión que tanto ha “aportado” a nuestra cultura y nuestra forma de vivir.

No existe ningún original de los Evangelios cristianos canónicos anterior al siglo V. Todos los Evangelios fueron reescritos, interpolados, modificados y adaptados a las nuevas normas eclesiales copiadas del mitraismo. Los Evangelios originales escritos en el siglo I y II, desaparecieron tras la persecución implacable de la jerarquía imperial y eclesiástica. La figura de Jesús fue retocada para hacerla más parecida a Mitra, Dionisos, Adonis, Osiris, Krisna y otros dioses “redentores” de la Humanidad. Todos ellos murieron y resucitaron, algunos de ellos nacieron de una virgen. Adonis por ejemplo resucitaba en Primavera; Krisna estuvo muerto tres días.

En Egipto se realizaba desde tiempo inmemorial una ceremonia de iniciación, mediante la cual el neófito era atado a una cruz tumbada horizontalmente y depositado en lo más profundo del templo en donde permanecía sin luz, agua ni comida, durante tres días. Al término de su “muerte”, el neófito era sacado a la luz y proclamado nacido de nuevo.

El Cristianismo “adoptó” las fechas más importantes del mitraismo como suyas, para aprovechar la inercia y la fe de las masas que ya estaban acostumbradas a celebrarlas desde siglos. Sólo se limitaron a cambiar el nombre del dios a honrar.

En otro artículo próximo, se comentará las diferentes versiones que existen sobre la vida de Jesús.

Enviado por José Luis García A la lista askasis (suscripción gratuita)


Similitudes con el cristianismo

El mitraísmo era parecido al cristianismo en muchos aspectos, por ejemplo en las ideas de humildad y amor fraternal, bautismo, rito de la comunión, utilización de agua bendita, adoración de los pastores en el nacimiento de Mitra, veneración de los domingos, considerar el 25 de diciembre (fecha del nacimiento de Mitra) como día santo, y la creencia en la inmortalidad del alma, el juicio final y la resurrección. El mitraísmo difiere del cristianismo en la exclusión de las mujeres de sus ceremonias y en su disposición a transigir con el politeísmo. Sus numerosas similitudes, sin embargo, facilitaron la conversión de sus seguidores a la doctrina cristiana.

La influencia del mitrismo en el cristianismo se debió gracias a la Iglesia Católica, la cual cristianizó muchos símbolos de la religiones paganas para difundir el mensaje cristiano, como por ejemplo, el 25 de diciembre como fecha de nacimiento del Mesías. Igualmente, hay semejanzas entre creencias del mitraísmo y enseñanzas bíblicas cristianas.

* Tras su nacimiento, Mitra fue adorado por pastores.
* El tránsitus (viaje de Mitra con el toro sobre los hombros) recuerda al Vía Crucis del relato evangélico.
* El mitraísmo era una religión de salvación: el sacrificio de Mitra tiene como finalidad la redención del género humano.
* Mitra recibía los apelativos de La Luz, La Verdad y El Buen Pastor.
* El banquete ritual de los fieles de Mitra tiene similitudes con la eucaristía cristiana.
* El día sagrado del mitraísmo era el domingo, y no el sábado.
* El nacimiento de Mitra se celebraba el 25 de diciembre.
* Los atributos del pater —máximo nivel de iniciación en el mitraísmo— eran el gorro frigio, la vara y el anillo, muy similares a la mitra, el báculo y el anillo de los obispos cristianos.



LA INFLUENCIA DEL MITRAÍSMO EN EL CATOLICISMO ROMANO—¡HE AQUÍ ALGUNOS HECHOS DESCONOCIDOS!
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En la época del emperador Constantino existían dos religiones que eran casi igual de fuertes: el cristianismo y el culto a Mitra. Este último tenía ya 800 iglesias en Roma. Si se observan estas “iglesias” con atención, en ellas se encuentra la nave central, a izquierda y derecha los bancos, al frente un altar, escaleras hacia arriba, en lo alto una bóveda – tienen así el mismo aspecto que una sencilla iglesia católica.

En el culto a Mitra se reconocen de golpe las raíces del catolicismo. Casi se podría decir que la Iglesia católica procede en última instancia menos del cristianismo originario que mucho más de cultos paganos. Como mucho se tomó del cristianismo de los primeros tiempos el nombre y los evangelios. En el culto a Mitra había también siete sacramentos; incluso la palabra «sacramento» se utilizaba en el culto a Mitra.

El culto a Mitra es uno de los muchos cultos paganos que se practicaban en aquel entonces en el imperio romano. Probablemente fue introducido en Roma por los soldados romanos que lo trajeron de Babilonia.

En el libro de Johannes Leipold «Entorno del cristianismo», leemos que «Mitra era un antiguo dios iraní del cielo y de la luz, el que en el Avesta es alabado como guardián de la ley y personificación de la fidelidad a la ley. Desde aproximadamente el año 400 a.C. aparece él en todas las inscripciones y epígrafes de la casa real». O sea que se trata de una antigua enseñanza celeste, una enseñanza de Dios y la luz que dice que la redención viene de parte de este dios-luz. La creencia en Mitra vino de Babilonia y portaba en sí elementos astrológicos y muchísimas influencias de cultos. Los magos más influyentes eran en este caso también los misioneros más empeñosos. Si se observa bien a estos magos, sus túnicas, cómo están sentados en el trono, es exactamente igual que en la actualidad, el Papa sentado en su trono, o los obispos y cardenales. Además, es interesante el que tenían diversos niveles de sacerdotes, tal y como lo conocemos del catolicismo.

Del libro «Entorno del cristianismo» se puede seguir deduciendo más o menos que hay muchos escritos, pero lo que es seguro es que para cada grado había una vestidura o un símbolo especial, cuya investidura era celebrada con mucha pompa. Cada puesto o cargo espiritual estaba unido indisolublemente a él con insignias, con trajes y con símbolos. Se sabe que en el culto a Mitra existían bautismos, comuniones, confirmaciones y un sacramento de penitencia. Todo esto a uno le resulta conocido. Por cierto, Jesús no introdujo ni quiso muchas de estas cosas. Y los cristianos originarios tampoco. En el culto a Mitra se celebraba una cena festiva, pero no era como la de los cristianos originarios, sino que era un ritual, como lo celebra la Iglesia católica también en la actualidad, una cena ritual. En estos actos similares a las cenas festivas también intervenían sacerdotes.

Citamos del libro antes nombrado: «El sacerdote expresaba las llamadas palabras de bendición, diciendo además: “Has salvado a los hombres al derramar la sangre eterna”». La sangre del toro, la cena de culto, prometía entonces a los llamados mistos (los iniciados) una existencia celestial y la resurrección. O sea que aquí nos volvemos a encontrar con los sacrificios de animales procedentes del culto sacerdotal pagano, y vemos que el sacrificio de sangre, que la Iglesia católica también ha acogido, tiene su origen en el culto a Mitra; allí se creía, por ejemplo, en la resurrección de la carne. De esto Jesús igualmente no dijo nada. Pero en la actualidad es enseñado en la Iglesia católica. También era conocido en este culto pagano el día del «Juicio final» y muchas otras cosas que son parte del orden eclesial católico. Si se lee todo esto uno después de otro y se observan las imágenes, en realidad allí no se ve otra cosa que puro catolicismo.

Algunos autores escriben que Constantino quería precaverse de los desacuerdos que podían surgir al convivir dos religiones y se decidió por el cristianismo. Muchos funcionarios y soldados habían llevado a otros países el culto pagano a Mitra y lo habían vuelto a importar desde allí, también de Babilonia. Los soldados y los funcionarios eran naturalmente un fundamento del imperio. Entre los ricos, pero también entre las capas pobres el cristianismo estaba igualmente extendido. Ambas religiones tenían el mismo valor, y muchos autores dicen que Constantino simplemente quería una sola religión. Él quería tranquilidad en su reino. Y como se ha dicho, de un modo u otro puso punto final a esto y así en aquel entonces surgió una religión unificada, que era una mezcla de ambas. Inmediatamente después prohibió el culto a Mitra en el concilio de Nicea, en el año 325. Así se ve que sólo podía existir una religión en su imperio.

La fecha decisiva para introducir esta religión unitaria en el sentido que quería el emperador Constantino fue el concilio de Nicea, en el año 325. En aquel entonces había todavía otro movimiento dentro del cristianismo primitivo, que por su parte ya se había convertido en su mayor parte en lo contrario, un movimiento que trató de continuar, según su entender, con el cristianismo originario. Estos fueron los llamados cristianos arrianos que se guiaban por Orígenes. Orígenes fue un gran filósofo y pensador que vivió en el siglo III, luchando en aquel tiempo contra la falsificación del cristianismo originario, por ejemplo, contra la falsificación de la Biblia. Él se dio cuenta de que en ello había algo que no estaba bien y que el cristianismo originario era algo totalmente diferente. En el año 250, durante la persecución de los cristianos por Decio, Orígenes fue torturado de modo tan intenso que murió 4 años después a raíz de esto. Pero su enseñanza, sus ideas siguieron difundiéndose. Uno de sus seguidores era Arrio de Alejandría, en Egipto, que siguió difundiendo esta enseñanza. Él era un contemporáneo de Constantino. Y en el concilio de Nicea del 325 se llegó a una decisión en la que el emperador determinó que no era Arrio y su enseñanza el que tenía razón, sino que la Iglesia, así como él la había conocido en Roma.

Vemos así que en el siglo IV tuvieron lugar grandes luchas espirituales, una disputa sobre cómo era realmente la enseñanza de Jesús de Nazaret, y la falsificación de esta enseñanza ya había avanzado bastante. Esto se mostró en este concilio en las disputas teológicas que se debatieron allí.

Orígenes

Se trataba entre otras cosas de la pregunta de si Jesús de Nazaret era el hijo de Dios o Dios mismo. Atanasio, un Padre de la Iglesia, afirmaba que Jesús de Nazaret era una encarnación de Dios. Para un romano como Constantino esto era algo conocido ya que los romanos conocían un solo Dios principal, Júpiter, y cuando más una encarnación más de Dios. Por eso Constantino, en interés de la unificación de su religión estatal, se decidió por la creencia de que Jesús de Nazaret, respectivamente Cristo, era «verdadero Dios proveniente del verdadero Dios», tal y como aún en la actualidad se encuentra en el credo apostólico. Su adversario, Arrio, representaba por su parte la idea, como lo creían los cristianos unitarios de entonces, de que Jesús de Nazaret era el Hijo de Dios, que estaba pleno en Dios pero que no era idéntico a Dios. Fue una maniobra importante la que llevó a cabo un emperador romano, y el resultado todavía en la actualidad forma parte del credo de la Iglesia católica romana que los fieles repiten cada domingo.

Los cristianos originarios de hoy saben, gracias a la Palabra de Dios dada en nuestra época a través de la palabra profética, que Jesús de Nazaret vino a esta Tierra como el Hijo de Dios para traer el reino de Paz, y que Él estaba lleno del Espíritu de Su Padre, de Dios.

Durante siglos siguió existiendo el llamado cristianismo arriano. Pero la fe de la Iglesia católica romana aún en la actualidad está marcada por la decisión –como se puede comprobar, p. ej., en el texto del credo católico romano– del concilio decretada por Constantino de que «Cristo y Dios son un solo ser».

Puede que nos parezca una sutileza, una argucia teológica el saber quién era realmente Jesús. Pero no se trata de una sutileza. Se trataba de que la Iglesia quería simplificar la fe en lo que fuera posible. Y considerando el espíritu que reinaba en aquel tiempo, en los cultos paganos era así que se quería tener sólo un dios, un dios que solucionara todos los pecados, si uno hacía todo bien, si se llevaban a cado de forma correcta todos los ritos. El politeísmo había disminuido un poco en ese tiempo y por eso se quería hacer que en el cristianismo hubiera sólo un dios; para ello, de Dios-Padre, Dios-Hijo y del Espíritu Santo se hizo un solo Dios que se manifiesta en tres personas. Sin embargo, la creencia de los primeros cristianos era diferente: Existe un solo Dios, y Cristo, es Su Hijo, y quien trajo a los hombres las legitimidades de la vida y la chispa redentora que apoya y conduce, la fuerza redentora. Y como esto es así, toda persona tiene también la posibilidad de experimentar a Cristo en sí mismo y encontrar el camino hacia Dios a través de esas legitimidades y no por medio de ritos externos. Esta es una gran diferencia.

Jesús estaba pleno de Dios y no era Dios mismo. Él era el Hijo de Dios, a quien había enviado el Padre, y que estaba lleno del Espíritu del Padre. Esto vivificaba el cristianismo originario de aquel entonces, y esto vivifica el cristianismo originario actual. Formulado con toda claridad, se puede decir que el culto de misterios es culto pagano. Constantino estaba impregnado del culto pagano y en última instancia los actos de la casta sacerdotal actual son la herencia del culto pagano de Constantino, que se colocó recubriendo la creencia en el Dios único.

Y así ha sido al fin y al cabo. Lo que no vino del culto a Mitra, vino del culto a Atis, a Dionisio, Hércules, Osiris o Isis. Se trataba de muchos cultos que iban en una dirección parecida. Constantino vivió en el modo de pensar de estos cultos, apoyándolos por eso. Aunque aparentemente hiciera del cristianismo una religión estatal, la verdad es que él incorporó a ella estos cultos paganos. Constantino mismo era pagano, es decir, que él consultaba oráculos y se hacía imprimir en monedas como dios-sol. En realidad, en aquel tiempo también era usual que el emperador también se considerase un dios. También había que hacerle ofrendas como a un dios. Constantino tampoco fue bautizado mientras vivió y sólo en el lecho de muerte dejó que se le administrara el sacramento del bautizo, pero no de manos de un sacerdote católico romano sino de un cristiano arriano. Sin embargo, todo esto no tiene mayor importancia para la Iglesia. Hasta hoy ella le rinde un homenaje especial. Constantino por su parte era un hombre muy cruel, un caudillo guerrero que echaba a sus enemigos prisioneros a los osos, que incluso hizo asesinar a sus propios parientes. Todo esto no tiene mayor importancia para la silla de san Pedro, que hasta hoy lo sigue haciendo venerar como a un santo –la Iglesia de Oriente por su parte sí que lo canonizó– ya que Constantino convirtió a la Iglesia en religión del Estado, y esto es lo que cuenta para esta institución.

Constantino otorgó enormes privilegios a la Iglesia, hizo embargar templos paganos y se los donó a la Iglesia. Liberó a los clérigos de la mayoría de los impuestos, por lo que se puede decir que aseguró la remuneración de los clérigos haciéndoles enormes regalos. Hasta hoy en día es así que, por lo menos en Alemania, las Iglesias son apoyadas de forma masiva por el Estado. Los sueldos de los obispos y cardenales de 8 a 10 mil euros por mes son pagados por el Estado. El Estado también paga el estudio de los teólogos, las clases de religión en las escuelas públicas y otras cosas más. Las Iglesias también están liberadas de pagar muchos impuestos. Si se cuenta todo esto, se llega a la enorme suma de 14 mil millones de euros por año lo que el Estado alemán paga a las Iglesias por concepto de subvenciones. Y esto es lo que la Iglesia ama.

En la actualidad aún tenemos una Iglesia estatal, que más bien es una Iglesia de los gobernantes. Pues, ¿quién peregrina en la actualidad hacia la silla de san Pedro? Son los gobernantes los que pueden dar la mano al regente de la Iglesia católica, que representa a la silla de s. Pedro.

La silla de san Pedro en el transcurso del tiempo ha dictado más leyes, que son igual de crueles que las del culto pagano de tiempos pasados; son leyes que se contraponen de forma absoluta a las enseñanzas de Jesús, el Cristo.

Seguramente que es interesante tomar en una próxima ocasión todos los dogmas, ritos y cultos de la religión estatal actual, que es lo mismo que la religión del gobierno, para examinar a fondo: ¿De dónde vienen los cultos? ¿De dónde vienen los dogmas y los ritos? Así cada uno se puede dar cuenta de a quién está sirviendo: a una religión de Constantino estatal o de gobierno, o a Jesús, el Cristo.


Mitra matando al toro, es un escultura de mármol tallada en época del Imperio romano, y data del siglo II, y está basada en el culto del mitraísmo.

La escultura procede de Roma, y forma parte del llamado grupo de esculturas de la tauroctonía del mitraísmo, religíon que se cree, tuvo sus inicios en Persia, pero que después se propagó por todo el Imperio romano durante tres siglos.

En la obra aparece Mitra ataviado con un pantalón y un gorro frigio, apuñalando con un cuchillo sacrificial a un toro, a su lado hay un perro y una serpiente que intentan beber de la sangre del bóvido, y un escorpión atacando sobre la zona genital. Se creía que al derramar la sangre del toro se lograba el renacer de la vida y la luz.